jueves, 12 de marzo de 2015

Selección Terror de Bruguera (1973-1985) Parte 1

A modo de prólogo


            Por fin ha llegado el turno de la colección Selección Terror de Bruguera... Y ya os aviso que esta entrada será distinta de las demás por el formato, dividido en dos partes (más un anexo con la lista de los títulos); si queréis visitar la segunda parte podéis ir a este enlace. Por un lado, sería pretencioso e inútil tratar de explicar toda la historia de Bruguera en una entrada de blog. Es imposible resumir en pocas líneas la vida de una editorial que marcó el devenir cultural y dejó una impronta imborrable durante casi medio siglo (1940-1986) en grandes y pequeños publicando casi 25.000 tebeos (según el artículo de José Antonio Ortega Anguiano, "El imperio Bruguera: anotaciones para un análisis histórico de una editorial", que podéis encontrar en 13, Rue Bruguera, el magnífico sitio ideado por Miguel Fernández Soto, estudioso del mundo del cómic, y Antonio Tausiet, escritor y creador de páginas web) y cerca de 40.000 bolsilibros (dato sacado del magnífico blog de Nicolás Solvanin dedicado a los bolsilibros de Bruguera), amén de multitud de libros, revistas, cromos y un sinfín de productos culturales más. No obstante, creo que resulta interesante y necesario bucear un poco en la historia de la editorial para enmarcar mejor la colección más longeva de bolsilibros de terror que ha habido en España.


            Es por eso que he creído necesario escribir esta especie de prólogo (o avanzadilla, si lo preferís), para explicar cuál ha sido mi intención al redactar esta entrada: como en ocasiones anteriores he hecho, partiré de la historia de la editorial (en este caso desde los inicios de El Gato Negro hasta la venta de Bruguera al Grupo Zeta), centrándome en unos pocos detalles que ayuden al lector a entender cómo funcionó esta empresa editorial llamada por algunos "Imperio Bruguera".


            Los interesados en saber más sobre esta casa editorial pueden empezar visionando el documental de Carles Prats, Historias de Bruguera y consultando algunos libros que considero imprescindibles para entender la grandeza de esta editorial:


 1) Antoni Guiral, Cuando los cómics se llamaban tebeos: La Escuela Bruguera (1945-1963), Ediciones El Jueves, Barcelona, 2004.

2) Tino Regueira (Comp. y Edit.), Guía visual de la Editorial Bruguera (1940-1986), Ediciones Glénat, Barcelona, 2005.

3) Antoni Guiral Los tebeos de nuestra infancia: La Escuela Bruguera (1964-1986), Ediciones El Jueves, Barcelona, 2007.

4) Antoni Guiral 100 años de Bruguera. De El Gato Negro a Ediciones B, Barcelona, Ediciones B, 2010.
           

            Una vez descrito en la primera parte del artículo el proceso histórico de la empresa Bruguera (que amenizaré con imágenes vinculadas a Selección Terror, ya que el blog no deja de tratar sobre este tipo de colecciones de bolsilibros), me centraré, en la segunda parte de la entrada, en la colección propiamente y culminaré mi escrito con un anexo con la lista de los 617 títulos de Selección Terror, tal y como suelo hacer siempre. Espero que la entrada resulte de vuestro interés.






Los orígenes: El Gato Negro




                Convengo con el ensayista Antoni Guiral (Barcelona, 1959) al considerar 1910 como la fecha de nacimiento de la editorial El Gato Negro (tal y como propone en el magnífico resumen que es 100 años de Bruguera. De El Gato Negro a Ediciones B, Barcelona, Ediciones B, 2010), el germen de la popular Bruguera fundada, precisamente, por Juan Bruguera. El Gato Negro nació en una gris España en la que más de la mitad de su población era analfabeta; no obstante, y gracias al arrojo de su fundador, la editorial logra situarse en el mercado y va adquiriendo solares para convertirse en una verdadera empresa editorial que funcionaba de forma casi autónoma (desde la imprenta y la linotipia, hasta el almacén, pasando por el indispensable equipo de redactores y dibujantes).


            El Gato Negro, además de revistas (como el célebre Pulgarcito, nacido en 1921) y cromos (que ya existían en la España de finales del siglo XIX), publicó multitud de obras (miles, de hecho), entre las que no podían faltar una nutridísima muestra de novelas populares y folletines ilustrados de género, normalmente por entregas, que no eran otra cosa que los antecedentes de los bolsilibros (como traté en una entrada anterior): aventuras fantásticas, historias del Oeste, misterios y crímenes, etc., empezaron a poblar el catálogo de la empresa fundada por Juan Bruguera (que murió en 1933, con tan solo 48 años).


            Con la muerte del "patriarca", la editorial queda en manos de la familia, cargando gran parte de las responsabilidades en sus hijos Pantaleón (1910-1962) y Francisco (1912-1990). Pero el futuro todavía les reservaba otro gran golpe: la guerra civil (con todas las dificultades y contratiempos que ello comportaría: escasez de medios económicos, mala calidad del papel... ¡e incluso una expropiación por parte de un comité de la CNT que se dejó notar en títulos como Camaradas, de 1937!), y la posterior victoria del bando nacional que entró en Barcelona el 26 de enero de 1939. Las tropas franquistas se encontraron con un Pantaleón que se había quedado al frente de la editorial, mientras que Francisco Bruguera (que había luchado en el frente), estaba recluido en un campo de concentración, del que pudo salir por mediación de un vecino de la familia. Pero ya nada volvió a ser igual y la editorial El Gato Negro fenecería poco después.



Publicidades de la colección que se podían encontrar en la parte trasera de otros bolsilibros.




Nace Editorial Bruguera (1940-1949)




            En 1940, El Gato Negro pasó a denominarse Editorial Bruguera. Personalmente, estoy con Guiral cuando afirma que los Bruguera querían "romper así el vínculo que había existido entre El Gato Negro y la República, en una España, la de 1940, que iniciaba un largo periodo de miseria y oscurantismo social y cultural" (pág. 35 del libro citado más arriba).


            Durante la inmediata posguerra fue un esfuerzo verdaderamente encomiable el que tanto Bruguera como el resto de las editoriales españolas debieron desempeñar para lograr hacer llegar la cultura al público lector a pesar de una situación verdaderamente dantesca: escasez de papel, frecuentes cortes eléctricos, una red de distribución muy tocada, una maquinaria con demasiados años en sus espaldas, los talentos muertos o exiliados por el conflicto armado, la censura... Con todo, el hecho de que Bruguera dispusiera de una imprenta propia la salvó, muy probablemente, de morir en el intento de reflotar el sueño de Juan Bruguera (con un nuevo nombre, eso sí).


            Entre 1940 y 1945, Bruguera se dedicó a rescatar obras que ya habían visto la luz bajo el sello El Gato Negro y a publicar nuevo material adaptado a las nuevas necesidades estéticas del momento (marcadas, sobre todo, por los cómics y el cine norteamericano y las historietas de formato italiano), como la impactante colección La Huella, todavía hoy recordada y en la que podemos encontrar a Pedro Víctor Debrigode. Pero el salto cualitativo de la editorial vendría a partir de 1949, cuando Francisco Bruguera viajó a Buenos Aires para tratar de expandir la editorial al otro lado del charco (con los años surgirían Editorial Bruguera Argentina, Editorial Bruguera Colombiana y multitud de contactos con varias empresas que la representaban en varios países; e, incluso, se llegarían a publicar en los respectivos países productos propios de sus filiales).


Publicidad de la colección que se podía encontrar en la parte 
trasera de los primeros números de Selección Terror.


           


De La Brigada de los suicidas al incendio de Parets




            En 1950, la casa Bruguera había aconseguido popularizar un formato denominado "bolsilibro" (10,5 x 15 cm), que es una verdadera mina para ellos ya que les permite crear productos muchos más económicos que la competencia en sus imprentas (gracias a la "industrialización de la empresa, ésta pudo soportar mucho mejor que la competencia los diferentes momentos de crisis hasta su desaparición). Durante algunos años, estos libros de kiosko se vendieron a 5 pesetas, es por ello que también se las conoció (y se las conoce todavía hoy) como "novelas de a duro". Como ya comenté, el primer bolsilibro como tal surgido de esta editorial sería La brigada de los suicidas, de Peter Debry (nº 1 de la colección Servicio Secreto y que acaba de reeditar Darkland, aunque con un formato distinto al original).


            Ya en esta década los bolsilibros contaban con grandes autores (hoy completamente imprescindibles para hablar de este fenómeno literario): Corín Tellado (que había sido fichada en 1946 y con quien tuvieron un famoso pleito a raíz de la firma de la autora con Rollán en 1965, que acabaría en 1973 con una condena contra la escritora que tenía que pagar 365 millones de pesetas a Bruguera; cantidad que se transformó en una obligación de escribir en exclusividad para ellos hasta 1990. Tellado murió en 2009), Silver Kane (fichado en 1952, con sólo 25 años, como autor y abogado de la compañía poco después de haber ganado el Premio Internacional de Novela organizado por José Janés en 1948 con Sombras viejas, novela que la censura le impidió poder ver publicada "por "roja y pornográfica".), el republicano Alf. Regaldie, Peter Debry, Keith Luger, etc.


            En 1954 la empresa se constituyó en sociedad anónima, manteniéndose el capital en manos de la familia Bruguera. En esa época, además de proseguir la publicación de tebeos, las colecciones de bolsilibros de Bruguera consiguen copan gran parte de la literatura popular de kiosko: Búfalo, California, Colorado, Kansas, Metralla... Este tipo de producto, por su bajo coste, constituía una de las partes más importantes de la producción y exportación de Bruguera (parece ser que aproximadamente un 55% de su producción iba a Latinoamérica)


            Una posición que mantendrían durante los sesenta (en 1962 se produce la trágica muerte de Pantaleón Bruguera) y que les permitiría llegar a 1970 como un verdadero gigante editorial; el llamado "Imperio Bruguera" era capaz de crear, editar, poner publicidad, distribuir sus productos e, incluso, de venderlos (tanto a crédito como en su propia cadena de librerías). En 1974 se inaugurarían las instalaciones de Parets del Vallès (organizadas por Guillem Molina, jefe de producción en ese momento).


            En el mundo de los bolsilibros, los setenta sirvieron para crear nuevas colecciones: La Conquista del Espacio (1970) y Selección Terror (1973). Y, de la mano de Ediciones Ceres (creada en 1978 por Bruguera con la intención de explotar el fenómeno del destape y puesta bajo la dirección del escritor de bolsilibros Enrique Martínez Fariñas), el sello ECSA publicaría las colecciones de bolsilibros eróticos Sexy Flash y Sexy Star, así como colecciones de ciencia ficción (Héroes del Espacio), de aventuras (Tam Tam), deportivas (Doble Juego) y bélicas (Metralla), algunas de las cuales acabarían publicandose como obras de Bruguera.


            No obtante, ese mismo 1978 marcaría el inicio del fin de Bruguera con el abandono de Francisco Bruguera (por motivos de salud) y de Rafael González (por jubilación), sustituidos por Ana María Palé (directora editorial de tebeos) y Joaquín Miñano (gerente contratado debido a que el sobrino de Francisco Bruguera, Juan, al parecer, estaba más interesado en sus estudios de medicina que en el futuro de la editorial). A lo que hay que añadir el devastador incendio, el 31 de enero de 1980, que destrozó una rotativa Wifag de ocho cuerpos y una parte de la fábrica de Parets, lo que provocó unas pérdidas de 600 millones de la época.



Portada y título que recuerdan tanto El juego de los niños, de Plans,
como ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador.





El descalabro final (1982-1986)




            El verdadero mazazo, no obstante, llegó una aciaga tarde de lunes (el 7 de junio de 1982), Bruguera presenta oficialmente en el Juzgado 10 de Barcelona lasuspensión de pagos para la editorial y su distribuidora Libresa. En ese momento, estaban en el aire los puestos de trabajo de más de 1.300 personas y las deudas de estas dos empresas superaban los 4.500 millones de pesetas. Los motivos defendidos por el director editorial, Jorge Gubern, se dividían en internos (anquilosamiento de la estructura empresarial, rescisión del contrato con la revista Interviú y la crueldad leonina del crédito internacional de siete millones de dólares que dependía de la fluctuación, siempre al alza, del cambio peseta-dólar) y externos (devaluación del peso mexicano, prohibición de salida de divisas de Argentina). Durante esos meses, Bruguera negoció con Rumasa (que sería nacionalizada a inicios del año siguiente), dado que ésta estaba interesada en adquirir parte de la editorial, trató de salir a Bolsa infructuosamente y decidió reestructurarse, bajo la atenta mirada de cinco interventores (tres para Editorial Bruguera y dos para Libresa) para tratar de salir adelante.


            Aunque si nos centramos únicamente en los bolsilibros, podríamos considerar que 1982 fue el año que vió nacer las colecciones Extra de La Conquista del Espacio y de Selección Terror, aunque ambas murieron al año siguiente (con 31 y 32 números, respectivamente); lo cierto es que, lamentablemente, la situación era crítica tanto para los trabajadores (reducción de jornada, bajas, jubilaciones forzosas, etc.) como para la empresa (muy tocada por el paso de Miñano que endeudó a la editorial en 5.000 millones de pesetas y fue acusado de fraude a la Seguridad Social por valor de 169 millones de pesetas, motivo por el que, tanto él como el jefe de personal, Joan Cornudella, ingresaron en la cárcel. Aunque, muchos años después, se demostró que Miñano no tenía nada que ver con los cargos que se le imputaron, tal y como explicó su hijo en un blog que trató el final de Bruguera de manera muy promenorizada).

           
            En marzo de 1984 el Juzgado de Primera Instancia levantó la suspensión de pagos de Bruguera y Libresa, después de haber despedido unos 400 trabajadores. Sin embargo, las condiciones impuestas por los acreedores era leoninas y el plan de viabilidad de la editorial llegó a los 400 millones de pesetas (contando los 220 millones en ayudas de la Generalitat de Cataluña). Poco después, a principios del año siguiente, acaece la surrealista incursión del uruguayo Carlos José "Leo" Antúnez (cantante, locutor, presentador y... empresario) que trató de hacerse con el 90% de las acciones de Bruguera, acabando todo en agua de borrajas.


            Llega el mes de junio de 1985 y la familia Bruguera crea un comité para tratar de seguir adelante con miembros del consejo de administración, de los trabajadores y de la familia. Éstos dispondrían de la totalidad de acciones de Bruguera. Después del verano, sería el Banco de Crédito Internacional (BCI), un consorcio de banqueros e industriales, el que propuso otra solución: una intervención pública, sin llegar a la nacionalización, que sirviera para crear una sociedad anónima laboral provisional (Librebsa), pignorando las acciones y avalando a los trabajadores a partir de 1986 si la empresa acababa quebrada o liquidada.


            Y así fue, en mayo de 1986, el BCI decide vender la empresa por la incapacidad de la nueva dirección de reflotarla, al tener que pedir un nuevo crédito. No obstante, ni el Grupo Zeta ni Anaya terminaron comprándola y el 18 de julio de ese año se anuncio el cierre definitivo de Bruguera y la disolución de la sociedad anónima laboral creada. Al final, tras una lucha valiente de los trabajadores por tratar de culminar su paso por Bruguera de la mejor manera posible, el BCI procedió el 21 de agosto a la liquidación total, se encargó de sus subsidios de desempleo y, a cambio, se quedó con el fondo editorial. El 14 de octubre, el BCI anuncia la venta de la empresa al Grupo Zeta, que crearía Ediciones B (con Eduardo Álvarez Puga y Silvia Querini al frente), nombre propuesto por Félix Espelosón, ex directivo de Bruguera y, en ese momento, director financiero del Grupo Zeta. Las huelgas continuaron, pero ya era demasiado tarde para el Imperio Bruguera y sus trabajadores.



Es evidente que algunas portadas se "inspiraban" en el mundo del séptimo arte.




            Ya advierto de que trataré en otra entrada la colección Selección Terror de Ediciones B; por ello aquí sólo quiero indicar que este sello cambiaría su rumbo definitivamente en 1996 bajo el mandato de la editora Blanca Rosa Roca (1989-2002), sobrina de Antonio Asensio, dedicando el nuevo catálogo a otro tipo de proyectos y publicaciones más alejadas del acervo Bruguera. Rosa Roca fundaría poco después Roca Editorial. No obstante, no debemos olvidar que Ediciones B guarda en los locales de Parets del Vallès el fondo editorial de la casa Bruguera (incluyendo los bolsilibros), así que cualquier día nos podrían sorprender con alguna novedad o reedición.


            La presente entrada está dedicada a los centenares y centenares de trabajadores que invirtieron su creatividad, esfuerzo, imaginación y profesionalidad para poder edificar uno de los pilares más sólidos de la cultura popular española del siglo XX: el "Imperio Bruguera" o, simplemente, "la casa" como muchos de ellos la conocían.

            Muchas gracias a todos y hasta la próxima,


Jordi Llavoré

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