domingo, 8 de febrero de 2015

Pero... ¿De dónde vienen los bolsilibros?

              

              Antes de entrar en el tema de los bolsilibros de terror, quería dedicar una pequeña entrada a explicar cuáles fueron las características básicas y los antecedentes de los bolsilibros, cuyo nacimiento, como se verá en esta entrada podría datarse en 1950.


Características de los bolsilibros


                Cualquier amante de este tipo de literatura popular (sea cual sea el género que aprecie más), sabrá que, en gran medida, es el formato lo que define qué entendemos por bolsilibro y qué queda fuera de esa categoría taxonómica. Así, pues, el aspecto humilde y sus dimensiones reducidas (por lo general hablaríamos de 15x11 cms. y alrededor de un centenar de páginas de un papel de mala calidad que se va ajando con el paso del tiempo), nos permiten hablar, en propiedad, de bolsilibros. No obstante, también tenemos que tener en cuenta tanto su bajo precio (no en balde se las denomina también "novelas de a duro", aunque la mayoría costaran un pelín más que eso en los kioskos en los que se vendía) como sus llamativas portadas que buscaban anunciar al futuro lector el entretenimiento y la evasión que guardaban entre sus páginas o que la inmensa mayoría de estos libros abarcaban una única narración (bien es cierto que, en algunos casos muy puntuales, podemos encontrar bolsilibros que incluyen más de un relato en sus páginas). Y, por último, también es importante destacar que, a pesar de los nombres presuntamente extranjeros que firmaban estas obras, sus autores eran españoles. Así pues, podríamos definir un bolsilibro por las siguientes características:

             a) Formato: 15x11 cms. y sobre el centenar de páginas (en términos estándar). Aunque, por ejemplo y en lo que a número de páginas se refiere, conviene recordar que las primeras novelas de la colección Servicio Secreto de Bruguera, a principios de la década de los cincuenta, tenían hasta 140 páginas, pero que, en julio de 1974 fueron reduciéndose las distintas colecciones de la editorial hasta las 96 páginas); papel de mala calidad y portadas llamativas;

             b) Contenido: Generalmente una única narración de género (oeste, terror, romántica, ciencia ficción, etc.), aunque en caso muy puntuales (también en el caso del terror), encontramos más de un relato en un bolsilibro;

             c) Autoría: Española pero bajo pseudónimo extranjero, normalmente anglosajón;


         d) Intención, público y precio: La principal misión de este tipo de literatura popular era entretener al máximo número de lectores posible, fuese cual fuese su nivel cultural, es por ello que su precio solía ser bastante reducido y que fuese considerada como infraliteratura o paraliteratura por los partidarios de la high culture, los cuales, como Arnold, consideraban a la cultura popular como una verdadera amenaza para la alta cultura, por ser alienante y corrosiva;

            e) Puntos de venta: El primer punto de venta este tipo de literatura eran los kioskos, en los que semanal o quincenalmente aparecían; aunque igual de importante para la "vida" de estas narraciones eran los puntos de cambio (desde kioskos o distintos tipos de tiendas), donde se cambiaban novelas viejas más un importe por novelas nuevas o que habían pasado por un número menos de manos;



Antecedentes de los bolsilibros




                Varias de estas características las podríamos encontrar ya en formatos de finales del siglo XIX y principios del XX como son el folletín (que tanto éxito tuvo en Europa de la mano de Dumas, Sue, Féval, Kock o Balzac), la novela por entregas e incluso nos podríamos remontar a la literatura de cordel con sus casos sensacionalistas y, normalmente, truculentas. Aunque, para ser exactos y como señala Fernando Eguidazu, en la página 16 del magnífico Del folletín al bolsilibro. 50 años de novela popular española (1900-1950), Guadalajara, Silente, 2008, los padres directos de los bolsilibros serían dos: por un lado, la hibridación española entre la novela por entregas (de la que tomó la técnica) y las dime novels norteamericanas (llamadas así, como las novelas de a duro, debido al bajo precio que tenían, y de la que tomó el estilo colorista de sus portadas y la temática de aventuras); de hecho, sólo cambiaría el formato y el hecho de que las publicaciones no fueran autoconclusivas (como sí tendrían, precisamente, las novelas pulp); y, por otro, la novela popular española de principios del siglo XX.


Un magnífico y documentadísimo libro que todo amante 
de los bolsilibros debería tener y releer de vez en cuando.


                Por último, no querría culminar esta entrada sin dedicar un breve homenaje a tres personajes y a tres creadores  que ayudaron a evadirse de la cruda realidad a muchos lectores en la época más negra de la postguerra española. Unos nombres sin los cuales la historia de la novela popular de kiosko (uso la "k" deliberadamente en homenaje a Francisco Alemán, del que hablé en la entrada anterior) de los años 40 y 50 en España, hubiera sido otra. Estoy hablando, obviamente del Coyote (José Mallorquí), el Pirata Negro (Pedro Víctor Debrigode) y el Encapuchado (Guillermo López Hipkiss), el eslabón preciso y precioso que vinculó la novela popular con el futuro bolsilibro.

                Éste fue un camino que quizás representó como nadie Pedro Víctor Debrigode Duggi, más conocido en esta nueva etapa como Peter Debry  (aunque también usó otros pseudónimos en esta etapa como Arnold Briggs, Vic Peterson, Geo Marvic,  Arnaldo Visconti, Geo Dugan y Chas Logan), autor del considerado como primer bolsilibro de la historia La brigada de los suicidas, número 1 de la Colección Servicio Secreto y editado en agosto de 1950 por Bruguera, que narra una aventura del agente federal Robert Lark y que la editorial Darkland reeditará en breve junto con dos novelas más del mismo autor (más información aquí). Además, esta casa editorial reeditará los cuatro primeros volúmenes de las aventuras de Carlos Lezama, el Pirata Negro en papel y en formato epub. Si queréis saber más sobre este autor barcelonés nacido hace poco más de un siglo, os recomiendo que visitéis los siguientes enlaces sobre su importancia en el universo de los bolsilibros (son dos blogs distintos: 1 y 2), la etapa del Galante Aventurero, su peso en la novela negra (blog dividido en dos partes: 1 y 2) o la exposición que se le dedicó en 2009 en el marco de la BCNegra 2009.



                  Muchas gracias por llegar hasta aquí y hasta la próxima entrada en la que ya entraremos de lleno en el fascinante mundo de los bolsilibros de terror,


Jordi Llavoré

3 comentarios:

  1. que blog tan interesante, me apasiona, pero no se algunas cosas son relativas, hablas de los bolsilibros como cultura popular, pero que quieres que te diga, no es lo mismo Lovecraft o Robert E. Howard que Joseph Berna o Ada Coretti

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  2. Todo es relativo, Francisco. Seguramente, si leemos a Lovecraft, por ejemplo, en su lengua original, nos sorprenderían negativamente su sobreadjetivación, las incesantes repeticiones, el ritmo lentísimo con que suele empezar, la indefinición en la que nadan sus relatos, la "manía" de decirle al lector que algo es horrible, en lugar de que lo descubra por sí mismo, etc. Y más todavía si lo pusiéramos en relación con otros autores de terror en lengua inglesa. Personalmente, creo que Lovecraft es uno de los imprescindibles a la hora de hablar de terror. No obstante, es innegable que los bolsilibros fueron cultura popular (igual que las revistas que publicaron a Lovecraft también lo eran)... Otra cosa sería hablar de gustos y preferencias, que cada cual tiene sus mitos y sus herejes particulares, Francisco.

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  3. Te agradezco el tiempo y esfuerzo que dedicas a este blog, porque gracias a gente como tú los aficionados a esta literatura vamos aprendiendo algo de este fascinante mundillo.

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